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¿Pienso luego existo? ¿Existo luego pienso?

Pudiendo parecer algo baladí, la diferencia o distinción entre ambas afirmaciones no es, sin embargo, indiferente. Puesto que, fiados de una premisa u otra, seremos de un modo u otro. Creo firmemente que la correcta afirmación de una de ellas puede devolvernos al sentido común, hoy tan necesitado de ser recuperado.
Planteamiento
El hombre por sí mismo mira, piensa, huele, toca… y se reconoce a sí mismo como distinto de lo demás y, al mismo tiempo, como existente. Pero su existencia no depende de que él llegue a pensarla o no; existe incluso antes de su propia autoconciencia. La existencia precede al pensamiento, aunque el pensamiento permita reconocerla. Fijaos qué aparente tontería afirmar una premisa u otra, y sin embargo qué gran diferencia hay en el planteamiento. El acto de existir nadie se lo da a sí mismo. Incluso cuando no puedo reconocerme dentro de la realidad de lo que existe, surge la pregunta decisiva: ¿he dejado entonces de existir?
¿Realidad?
No pretendo hacer un discurso metafísico, pero sí aguzar el pensamiento hacia el reconocimiento de una quimera absurda que brota del cartesianismo o, en definitiva, de un modernismo romántico y trasnochado. Un modernismo que hoy se utiliza para vaciar de sentido la realidad objetiva y dejarla sujeta únicamente al subjetivismo de un sujeto pensante que interpreta y crea una realidad paralela en su propio pensamiento, sin necesidad de que esta sea real.
Nuevas verdades
Desde esta lógica, la herencia de René Descartes ha sido muchas veces mal entendida y peor aplicada. Una frase aislada ha terminado convirtiéndose en dogma cultural, anulando siglos de realismo clásico y debilitando el anclaje del ser humano en la verdad de lo que es. George Orwell, un modernista que al final de sus días comprendió que la verdadera libertad está fuera de la divinización de los bloques de pensamiento, lo expresó con lucidez. Especialmente de aquellos que hablan de paz y justicia, y que son precisamente los únicos axiomas que no solo no cumplen, sino que utilizan sus contrarios para imponer nuevos criterios de verdad totalmente subjetivos y, lamentablemente, al servicio del poder y del dinero.
- George Orwell,
1984

«Era como si alguna enorme fuerza te prensara: algo que penetraba dentro de tu cráneo, presionando tu cerebro, atemorizándote más allá de tus creencias, persuadiéndote casi a negar la evidencia de tus sentidos... el Partido te decía que rechazases la evidencia de tus ojos y de tus sentidos»

Lo escribió en 1948 pensando en 1984, y resulta inquietantemente actual.

Una vez que el modernismo logra acabar con el realismo propio del pensamiento clásico, consigue amedrentar de tal modo la conciencia colectiva que llegamos a pensar que la frase “pienso, luego existo” es una genialidad incuestionable.

Pero el problema ya no es solo la negación de la primera premisa —si no soy capaz de pensarme, dejo de existir—, sino algo mucho más grave: la realidad pasa a ser únicamente como yo, sujeto individual, la pienso. Y más aún: si un colectivo llega a pensar que la realidad es fruto de un pensamiento común, ¿comienza entonces a ser?

Para concretar: si yo, como sujeto individual, me identifico a mí mismo como un caballo, ¿comienzo a serlo? O lo que es más duro: si yo, como líder de una masa, creo que determinados sujetos no merecen vivir, ¿se convierte en un bien matarlos porque el colectivo así lo cree?

Para que nadie nos engañe, hemos de empezar a quitarnos capas de mentira y examinar la realidad por sí misma y con nuestros propios ojos, sin ideologías sentimentalistas que, alumbradas por palabras como paz y justicia, procuran única y exclusivamente lo contrario: dinero y poder.

Algunas hipótesis para pensar

Derecho a la vida
Según los derechos humanos, se da una paradoja brutal: crímenes contra los seres humanos más indefensos. ¿Quizá porque aún no piensan o porque no pueden elevar su voz? Argumentos duros y “serios” que lo apoyan hay muchos, pero no olvidemos la realidad: en el útero no se desarrolla un tumor, sino una vida humana que ya no es parte de la madre. Existe, luego pensará.
Derechos de las personas con discapacidad
¿Las consideramos personas o solo dignas de caridad? El problema vuelve a ser el sentimentalismo absurdo del “pobrecito” o “pobres padres”, mientras quitamos barreras arquitectónicas pero eliminamos vidas antes de nacer. Existo luego pienso. ¿Soy yo más? ¿Soy mejor? No son un tumor para la sociedad; quizá sean los herederos de la tierra en un mundo que ha perdido el sentido del amor. Ojalá los sabios de este mundo tuvieran por un instante el corazón de aquellos que consideran disímiles.
Derechos de la mujer
Totalmente de acuerdo en acabar con injusticias y con estructuras opresivas. Pero ¿acabando con el hombre? ¿Enfrentando a la sociedad en una guerra de sexos? Existo luego pienso: la humanidad está constituida por hombres y mujeres, llamados a caminar juntos, necesitándose y complementándose.
Libertad de expresión y juventud

Hemos llenado a los jóvenes de derechos mientras les construimos un mundo vacío, estético y sexualizado, cargado de estímulos pero carente de sentido. Viven en una especie de “Matrix”, donde la vida se convierte en un juego con final trágico. Vacíos, pero entretenidos; anestesiados para no pensar.

Podrían escribirse libros enteros sobre la disociación entre pensar y existir y su influencia en nuestros días. Lo más significativo es que muchos de los pensadores del modernismo y del marxismo posterior quizá no fueron conscientes de la maldad que se derivaría del mal uso de estos bloques de pensamiento.

Qué libres creemos ser cuando defendemos el asesinato asistido del no nacido o del que se siente solo y quiere morir, mientras proclamamos con solemnidad la abolición de la pena de muerte. Si fuéramos conscientes del favor que hacemos a las multinacionales del dinero que promueven la muerte para su lucro, tal vez empezaríamos a pensar por nosotros mismos.

Qué modernos nos creemos cuando defendemos la estética sin darnos cuenta de que incluso la lucha por los sexos y los géneros es una máquina perfecta de hacer dinero. Poco importa si me siento hombre o mujer; importa cuánto se gana operándome, retocándome o vendiéndome una identidad prefabricada.

Hacemos deporte, dietas, gimnasio… todo bueno, pero ¿para qué? ¿Para ser o para aparentar? En mentes en desarrollo esto genera obsesiones: bulimia, anorexia, vigorexia. Y mientras tanto somos ratones de laboratorio en una gran aldea global.

Es momento de reconocer nuestra existencia y preguntarnos con honestidad:
¿qué estamos haciendo con nuestra vida?

Ya existes. Luego piensa.

 

Carlos María Fortes García
25 de agosto de 2019

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