¿Pienso luego existo? ¿Existo luego pienso?
Planteamiento
- Pensamiento
- Existencia
- Autoconciencia
- Realidad
¿Realidad?
Nuevas verdades
- George Orwell,
«Era como si alguna enorme fuerza te prensara: algo que penetraba dentro de tu cráneo, presionando tu cerebro, atemorizándote más allá de tus creencias, persuadiéndote casi a negar la evidencia de tus sentidos... el Partido te decía que rechazases la evidencia de tus ojos y de tus sentidos»
Lo escribió en 1948 pensando en 1984, y resulta inquietantemente actual.
Una vez que el modernismo logra acabar con el realismo propio del pensamiento clásico, consigue amedrentar de tal modo la conciencia colectiva que llegamos a pensar que la frase “pienso, luego existo” es una genialidad incuestionable.
Pero el problema ya no es solo la negación de la primera premisa —si no soy capaz de pensarme, dejo de existir—, sino algo mucho más grave: la realidad pasa a ser únicamente como yo, sujeto individual, la pienso. Y más aún: si un colectivo llega a pensar que la realidad es fruto de un pensamiento común, ¿comienza entonces a ser?
Para concretar: si yo, como sujeto individual, me identifico a mí mismo como un caballo, ¿comienzo a serlo? O lo que es más duro: si yo, como líder de una masa, creo que determinados sujetos no merecen vivir, ¿se convierte en un bien matarlos porque el colectivo así lo cree?
Para que nadie nos engañe, hemos de empezar a quitarnos capas de mentira y examinar la realidad por sí misma y con nuestros propios ojos, sin ideologías sentimentalistas que, alumbradas por palabras como paz y justicia, procuran única y exclusivamente lo contrario: dinero y poder.
Algunas hipótesis para pensar
Derecho a la vida
Derechos de las personas con discapacidad
Derechos de la mujer
Libertad de expresión y juventud
Hemos llenado a los jóvenes de derechos mientras les construimos un mundo vacío, estético y sexualizado, cargado de estímulos pero carente de sentido. Viven en una especie de “Matrix”, donde la vida se convierte en un juego con final trágico. Vacíos, pero entretenidos; anestesiados para no pensar.
Podrían escribirse libros enteros sobre la disociación entre pensar y existir y su influencia en nuestros días. Lo más significativo es que muchos de los pensadores del modernismo y del marxismo posterior quizá no fueron conscientes de la maldad que se derivaría del mal uso de estos bloques de pensamiento.
Qué libres creemos ser cuando defendemos el asesinato asistido del no nacido o del que se siente solo y quiere morir, mientras proclamamos con solemnidad la abolición de la pena de muerte. Si fuéramos conscientes del favor que hacemos a las multinacionales del dinero que promueven la muerte para su lucro, tal vez empezaríamos a pensar por nosotros mismos.
Qué modernos nos creemos cuando defendemos la estética sin darnos cuenta de que incluso la lucha por los sexos y los géneros es una máquina perfecta de hacer dinero. Poco importa si me siento hombre o mujer; importa cuánto se gana operándome, retocándome o vendiéndome una identidad prefabricada.
Hacemos deporte, dietas, gimnasio… todo bueno, pero ¿para qué? ¿Para ser o para aparentar? En mentes en desarrollo esto genera obsesiones: bulimia, anorexia, vigorexia. Y mientras tanto somos ratones de laboratorio en una gran aldea global.
Es momento de reconocer nuestra existencia y preguntarnos con honestidad:
¿qué estamos haciendo con nuestra vida?
Ya existes. Luego piensa.
Carlos María Fortes García
25 de agosto de 2019

